Dom. Jul 3rd, 2022

En la Biblioteca Nacional encontramos una edición antigua de la revista gráfica de información general La Esfera. Sin duda esta publicación fue la mejor de su época y significó un paradigma del periodismo gráfico contemporáneo y al mismo tiempo literario.

Muchos fueron los medios regionales, nacionales e internacionales que en 2016 dedicaron espacio al Alcá de Cervantes en el IV Centenario de la muerte del Príncipe de Los Ingenios. Pero 100 años antes, la revista La Esfera envió un reportero a Alcalá para informar sobre el brillo de la III Centenario de la muerte de Cervantes.

El periodista Manuel Soriano comenzaba mal su reportaje diciendo que «nuestra visita a la ciudad complutense nos dio una triste sorpresa y nos dejó una amarga huella en el ánimo».

El reportero esperaba encontrar una ciudad repleta de gente celebrando, la semana anterior al 23 de abril, el tercer centenario de la muerte de su vecino más ilustre junto a un buen número de turistas. Pero luego de visitar los “Casinos, los comercios más importantes y todo lo que pueda satisfacer la curiosidad del periodista”, Soriano encontró “¡Algo parecido al silencio de la muerte!”.

Tras su primera mirada, entrevistó a D. Felipe Mota Gámez, la autoridad municipal de la época que le despertó del sueño de encontrar una gran ciudad de 15.000 habitantes como emporio de riqueza y fuerte guarnición. “La guarnición ha sufrido un descenso del cincuenta por ciento desde que comenzó nuestra acción en Marruecos: la industria es escasa, casi nula; el comercio languidece de forma alarmante, y en cuanto al turismo, al que se atribuye una importancia capital, da poco de sí”, asegura el alcalde.

Los rincones más cervantinos de la Alcalá de 1916

Con lo triste que estaba la ciudad, el reportero pidió al alcalde todo lo relacionado con Cervantes en Alcalá, como el Museo y Biblioteca Cervantes. “Aquí no hay museo ni biblioteca de este tipo – espetó el comisario -. Todo lo poco que hay en la iglesia de Santa María la Mayor”.

Hasta allí acudió el reportero para encontrarse con el entonces Rector de la iglesia de Santa María la Mayor, don Prudencio Jiménez Sarvi, quien le mostró el primer libro del oficio parroquial, “cuyo primer documento escrito en él lleva la fecha del año mil quinientos treinta y siete. En la página ciento noventa y dos de ese libro está la partida de bautismo de Cervantes”, tal y como cuenta Soriano en La Esfera.

En Santa María la Mayor -que, como se puede apreciar en la imagen inferior, estuvo en la Plaza de Cervantes hace 100 años, hasta que más tarde tomó ese nombre la iglesia del Colegio Máximo de los Jesuitas en la calle Libreros- allí estaba la capilla llamado del Oidor donde el gran Cervantes recibió el sacramento del bautismo. Una pila bautismal que había sido trasladada tan solo 11 años antes, en 1905, a este lugar que se encontraba en estado de deterioro, “tanto que en cuanto caen cuatro gotas de agua se inunda por completo”, asegura la noticia.

Incluso la casa natal de Cervantes, que hace 100 años se pensaba que estaba en el lugar que ocupaba el Teatro Salón Cervantes y que hoy es el museo público regional más importante de la Comunidad de Madrid, no ha estado exenta de críticas y simplemente ha “desaparecido”. . En su lugar se levanta el teatro que lleva su nombre (hace un siglo se pensaba que era la Casa de Cervantes), y en una de las paredes, que corresponde a la calle de Cervantes, hay una vulgar inscripción que recuerda el lugar donde edificio histórico en pie, y nada más.

A la derecha de la imagen, el Teatro Salón Cervantes ocupa el espacio donde hace 100 años se creía que estaba la casa de Cervantes.

Las críticas más duras a Alcalá de Cervantes

El periodismo de hace 100 años era muy diferente al de hoy. No se superponía con intereses comerciales o políticos, y los profesionales de los medios, que comían una vez al día porque tenían un segundo trabajo en la cena, no llegaron a la mitad de sus escritos.

Así, antes de terminar su crónica, Manuel Soriano aclaró lo que vivió en Alcalá de Henares, afirmando que “a todo esto se reduce lo que vio en Alcalá el periodista curioso que nos recuerda a Cervantes, y por cierto, nos pareció bueno”. «.

Por si su crítica sabía a poco, insertó en su información un último párrafo que, de redactarse hoy, pondría fin al más ilustre de los alcaldes complutenses. «Terminó nuestra visita, volvimos a Madrid tristes y angustiados, pensando que no valía la pena nacer tan grande hombre para que la posteridad apenas pueda conservar sus gloriosas reliquias».

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