Jue. May 16th, 2024

Era la historia universal, la que hay que capitalizar. El 17 de abril de 1492 finalizó una época muy conocida, la medieval. Y todo ello, al calor de un acuerdo firmado en Granada entre los Reyes Católicos y don Cristóbal Colón. El documento en cuestión ha pasado a la historia como las Capitulaciones de Santa Fe; cinco capítulos en los que Sus Majestades aprobaron el viaje del marinero a través del Atlántico y –entre muchas otras vicisitudes– le otorgaron títulos sobre las tierras descubiertas. En ellos a los genoveses se les otorgaba el título de Almirante de los territorios conquistados, se les entregaba un diezmo sobre los tesoros encontrados… Y llegaba a su fin su largo ‘vía crucis’ de dos décadas en busca de apoyo para iniciar sus investigaciones.

«En Santa Fe el mundo estaba completo. Sobre el papel los Reyes Católicos dieron a Colón el poder de embarcarse en su gran aventura; En la práctica iniciaron una nueva era: la moderna. José Soto Chica –doctor en Historia Medieval, profesor adjunto de la Universidad de Granada e investigador del Centro de Estudios Bizantinos, Neogriegos y Chipriotas de Granada– está convencido de que esta ciudad fue fundamental para el futuro de España. Y por ello impulsó la celebración del I Festival de Literatura Histórica en la ciudad. El evento se suma además al programa con el que la región conmemora cada año la firma de las Capitulaciones y que se celebra desde 1961.

«El festival nació de una pregunta que nos hacen a menudo: ¿fueron importantes las Capitulaciones? Hoy hace falta historia. Y es normal, porque históricamente se ha manipulado mucho. La sociedad quiere saber y daremos respuesta a esa necesidad con infinidad de ponencias, presentaciones de libros, visitas a lugares clave y mesas redondas”, explica el experto. El evento, ese “punto de encuentro” que subraya Soto Chica, comenzó el pasado jueves con un pregón y concluirá el domingo “En definitiva, la idea es que Santa Fe sea el lugar de encuentro de la literatura”, afirma.

Camino terrible

Pero el futuro almirante tuvo que remar mucho para llegar a Santa Fe. Porque sí, se ha hablado mucho del viaje descubridor de Colón, pero poco del calvario que tuvo que afrontar para convencer a la monarquía de su proyecto: el descubrimiento de una nueva ruta hacia la India. – era plausible. Sus primeros pasos, en realidad, no los dio en aquella España originaria que luchaba contra los musulmanes, sino en Portugal. Allí, hacia 1470, inició su viaje con una serie de audiencias con el monarca portugués Juan II. Y todo acabó en desastre, como explicó tiempo después el propio navegante en una carta autógrafa: «Fui al rey de Portugal, que comprendió el descubrimiento mejor que nadie, pero en catorce años no logré hacerle entender lo que Yo ella dijo. «.

Colón salió de Portugal herido y difamado. Para Juan IYo y sus acólitos de la corte no éramos más que un «hombre falador y glorioso»; un fanfarrón digno de «poco crédito» que tuvo que ser eliminado a la velocidad de la luz. Los documentos que quedan de aquel episodio -una carta que recibió unos años después- confirman también que el navegante llevaba sobre sus hombros algunos crímenes perpetrados en tierras portuguesas; difícil saber cuál. Más allá de rumores y rumores, la realidad es que ya fijó su residencia real en tierras españolas en la primavera de 1485 con el objetivo de presentar el mismo proyecto a los Reyes Católicos.

El cambio de bando no podría haber sido más sangriento; En aquel momento, y aunque la Reconquista estaba en el apogeo de los problemas de sus majestades, el Atlántico también era un terreno de juego clave.

Pero la vieja Castilla no era todo rosas; lejos de ello. Lo primero que hizo Colón fue visitar el convento franciscano de La Rábida, en Huelva. Su elección no fue aleatoria, puesto que desde aquellas tierras ya partían expediciones marítimas a África y algunas islas del Atlántico. Quién mejor que esos religiosos podría entender sus planes. Quiso la casualidad que en ese lugar santo conoció a Juan Pérez, ex confesor de la reina, y éste quedó deslumbrado con su proyecto. A partir de ahí la rueda de contactos empezó a girar. Después de mil encuentros, su nuevo amigo le escribió una carta de presentación para Hernando de Talavera, entonces uno de los confidentes más cercanos de Isabel. Y así, a través de favores, llegó a la monarquía la noticia de que un hombre que se hacía llamar navegante tenía un extraño plan para cruzar el llamado Mar Negro.

Esta es una versión de la historia, aunque no la única. Aún existe una discusión entre los expertos que sostienen que su primer proponente fue Juan Pérez, y los que sostienen que en realidad fue el cosmógrafo y humanista Antonio de Marchena. Y tiene cierto sentido, dado que este último también conoció a Colombo y se sintió atraído por su proyecto desde el principio. El hecho de que los historiadores fusionaran por error a ambos personajes en uno solo no ayudó a desentrañar el enigma. Ni mucho menos: añadió más leña al fuego. Más allá de las teorías de unos y otros, las crónicas cuentan que el marinero dejó a su hijo Diego con su cuñada y se dirigió a Córdoba, donde se encontraban en ese momento Isabel y Fernando. Allí, este completo desconocido se encontraba a expensas del Consejo Real, el organismo itinerante encargado de estudiar los asuntos de sus majestades.

Mil posibilidades

La carta de recomendación surtió efecto; Gracias a ella, los reyes pidieron al Consejo escuchar al marinero «más particularmente y comprobar la calidad del asunto y las pruebas aportadas por él». Aunque no especificaron que fue rápido y el navegante tuvo que esperar semanas antes de ser recibido por la agencia. Poco se sabe sobre este primer encuentro. Lourdes Díaz-Trechuelo, biógrafa de Colón, afirma que el solicitante debió quedarse corto de palabras y no desveló los puntos más decisivos del proyecto. Quizás por eso la resolución no fue favorable. Éste podría haber sido el final del viaje, pero el navegante fue tan tenaz como insistente y, a través de sus amigos, exigió una entrevista con Isabel y Fernando. Esta vez, la diosa Fortuna le sonrió y los monarcas acordaron celebrarle una breve audiencia en Alcalá de Henares.

La entrevista a los Reyes Católicos fue el germen del camino, pero no el final del mismo. Entre enero de 1486 y abril de 1492 Colón se vio obligado a vivir en la pobreza en Andalucía. Durante meses, sus únicos ingresos fueron los escasos maravedís que los monarcas le regalaban de vez en cuando -entre 3.000 y 4.000 cada vez que se acordaban de él- y las monedas que ganaba con la venta de «maraves» (cartas náuticas). diseñó y vendió en varios puertos. Poco después se convirtió en comerciante de libros impresos, que aún escaseaban a pesar de que la imprenta ya empezaba a expandir sus tentáculos por media España.

La clave es que nunca se detuvo. En cada viaje movía sus contactos como un avispero para ganar adeptos para su causa. El ejemplo más claro fue el duque de Medina Sidonia, don Enrique de Guzmán. Y este fue sólo uno de muchos. Finalmente llegaron las Capitulaciones de Granada.

El 17 de abril de 1492: Las Capitulaciones de Santa Fe y el camino de Cristóbal Colón hacia el descubrimiento de América.

Aquí va la fuente original para saber más.

Por Juan Manuel González López

Juan Manuel González López, nacido en Alcalá de Henares, es un periodista español especializado en información deportiva. Ha trabajado para varios medios de comunicación en España, como El País, Marca y AS. González López comenzó su carrera profesional en el departamento de deportes del diario El País, donde trabajó durante cuatro años. A continuación se incorporó a la plantilla del diario deportivo Marca como reportero. Tras dos años en Marca, se trasladó a AS, otro diario deportivo y amplió su registro periodístico.