Mié. Ago 10th, 2022

DESDE que llegó a Sevilla para estudiar la carrera bajo las altas bóvedas de la Manifattura Tabacchi, el compromiso de benito navarrete con el patrimonio histórico-artístico de la ciudad fue absoluta e incondicional. Es una pena que, por estas pequeñas -o grandes- miserias de la universidad española, Benito Navarrete tenga hoy su cátedra en la Universidad de Alcalá de Henares, porque pocos como él representan la vigencia y continuidad de la escuela sevillana de historia del arte, una de las más fecundas de España. Hispalense carecía de un gran docente e investigador en su claustro, heredero en todos los aspectos de aquel maestro que fue Alfonso Pérez Sánchez. Quizás el carácter algo impetuoso de Navarrete, junto con su espíritu de tipo terrible (cada vez menos enfant, como a todo el mundo, me temo), no le ha ayudado mucho a prosperar ni política ni universitariamente en una ciudad con tantos meandros como Sevilla, pero sigue ahí, en todos los debates en los que está en juego nuestro patrimonio dañado.

La última vez que pudimos ver a Benito Navarrete en plena acción fue en la batalla por impedir la salida de Sevilla de dos Focus-Abengoa Murillos: Santa Catalina Y Lágrimas de San Pedro. La adquisición del primero por parte de la Junta de Andalucía se conoció a horas de las elecciones autonómicas del 19 de junio (todo ayuda, incluida la cultura, a la hora de forjar la mayoría absoluta). El segundo, en cambio, sigue esperando a su príncipe azul. Y aquí es donde entra en escena Benito Navarrete, quien difundió un video en las redes sociales pidiendo a la Administración Central del Estado que se pronuncie sobre este tema. En resumen: el Ayuntamiento ya ha cumplido con la Santa Catalina; ahora le toca al gobierno hacer lo mismo con Las lágrimas de San Telmo. Firmamos la petición.



La adquisición de ambas obras por Foco y Abengoa Era entonces un símbolo de la nueva ciudad pujante que no sólo acogía a una de las más importantes multinacionales españolas, sino que comenzaba la recuperación de ese vasto patrimonio saqueado durante la invasión napoleónicauna de las heridas aún sin cicatrizar en el alma de esta ciudad (vinimos a ver Enrico Valdivieso gritando de indignación a Soult y a todos sus familiares). Abengoa ya es ceniza, pero algo de su legado quedará para siempre: varias generaciones de ingenieros y directivos con vocación internacional, la recuperación del Hospital de los Venerables y un grupo de directivos que nunca más tendrán que salir de Sevilla.

Por Juan Manuel González López

Juan Manuel González López, nacido en Alcalá de Henares, es un periodista español especializado en información deportiva. Ha trabajado para varios medios de comunicación en España, como El País, Marca y AS. González López comenzó su carrera profesional en el departamento de deportes del diario El País, donde trabajó durante cuatro años. A continuación se incorporó a la plantilla del diario deportivo Marca como reportero. Tras dos años en Marca, se trasladó a AS, otro diario deportivo y amplió su registro periodístico.