Jue. Jul 18th, 2024

El 14 de marzo de 2020, el mismo día que el gobierno decretaba el estado de alarma por la emergencia sanitaria, Noemí Trujillo recibió la noticia de que su madre había muerto por coronavirus. Luego llegó el duelo, un duelo difícil, como tantos otros: sin poder moverse, lejos de la familia, de los amigos, manteniendo siempre la maldita distancia de seguridad. Entonces no lo sabía, pero esa experiencia acabaría siendo el germen de ‘La forja de una rebel’ (El destino), la segunda novela (negra, que es el color del luto) de la serie de Manuel Mauri, que escribe a cuatro manos con su pareja, el también escritor Lorenzo Silva.

«Fue muy difícil. Para mí fue un reto y un

casi falta contar el lado humano de la pandemia. Lo que cuenta es la dificultad de superar el duelo en esas condiciones. Y era mi mayor interés poder hablar desde una perspectiva humana sobre todos los sentimientos que experimentamos. Sentimientos diferentes, muy complejos, de los que era muy difícil hablar», dice Trujillo ahora, con cierto temblor en la voz. A su lado, Silva asiente. «No intentemos, porque sería pretencioso y hasta tonto, hacer una análisis minucioso de la pandemia cuando ni siquiera ha terminado. La literatura puede analizar la realidad, pero con cierta distancia, y en este momento es prematuro. No es una novela ‘sobre la ‘pandemia, es una novela sobre una investigación’ de la’ pandemia.

Así comienza el libro, precisamente, con la muerte de la madre de la mejor amiga de los carabinieri Manuela Mauri, y a partir de ahí se despliega un mapa que nos resulta demasiado familiar: miedo, cansancio, teletrabajo, colegios cerrados, mascarillas, nervios. . El ambiente plomizo de aquellos meses, lejos. Y en esos un doble crimen por resolver en Alcalá de Henares, porque el mal no acaba ni con una pandemia mundial. “Por supuesto que el mal continúa. Es que ha habido delitos durante la pandemia. Es que hubo investigaciones policiales durante la pandemia. Había gente que tenía que hacer lo que hace Manuela en la novela: buscar gente, interrogarla con máscara, de un extremo a otro de una mesa larga, con la ventana abierta, o en el parque. Ocurrió”, dice Silva. En realidad, insiste, la historia está basada en un hecho real: un doble crimen perpetrado en el municipio toledano de Villarejo de Montalbán durante el estado de alarma.

Los autores dedican mucho espacio al malestar, al camino que cojea en medio de tantos virus. Por ejemplo: Manuela está haciendo un interrogatorio pero no deja de pensar en sus hijos, que son insoportables y agresivos. O en su relación con Alberto, que es muy extraña por la forzada convivencia entre ellos. ¿Por qué una novela como esta ahora? ¿Seguimos interesados ​​en la tragedia incluso después de haberla vivido? ¿Queremos revivirlo? “La ficción te permite enfrentar la tragedia de una manera más amable. La literatura siempre la sublima o la estiliza un poco, porque podemos acercarnos a las tragedias despojándolas de la dimensión del dolor: todos sabemos que estamos ante una ficción, en una dimensión paralela. También tiene un punto refrescante que viene de los griegos: lo que escribían para la educación de la población eran tragedias, no eran comedias», responde Silva.

Para aligerar el tema y el tono de «La forja de una rebelde», el dúo bebe de la literatura y de cierta erudición. Por ahí aparecen Rilke, Kafka, Melville, así como Arturo Barea, a quien honran con el título. Trujillo dice que mientras escribía pensaba en la Europa de entreguerras, que era una Europa devastada, y en cómo en ese momento muchos optaron por abordar la literatura como un juego, como una vía de escape, incluso como un escudo. Por eso cita tanto a Cortázar, que “combina el compromiso del escritor y la escritura como un juego”, según sus palabras.

“En este libro, para contrarrestar el trágico efecto de la pandemia, se hace un homenaje a la lectura y a los libros que nos han acompañado en este tiempo. No sé qué hubiera hecho en una pandemia si no hubiera disfrutado leyendo. Mi escritora de referencia es Joyce. Y durante mi encierro decidí, para aislarme de mi dolor personal, releer ‘Ulises’. Es un libro al que me encanta volver, un libro mágico que siempre te revela algo y te hace estar en otro universo. Estábamos sobrecargados de información. Y aún nos queda la incertidumbre… Tantos meses de pandemia han hecho que nos olvidemos de celebrar la vida. Y una forma de celebrar la vida es el amor, pero otra forma de celebrar la vida es leer”, concluye.