Mar. May 21st, 2024

Foto de Ricardo Espinosa Ibeas

  • Un modesto homenaje a Pilar Lledó Real, una alcalaína singular

Nos hemos reunido en este marco incomparable (aprovecho para dar las gracias al Corral de Comedias por habernos cedido este espacio para organizar el acto) para rendir un modesto homenaje a Pilar Lledó Real, una alcalaína singular por su trayectoria política, por su lucha vecinal y feminista y por haber sido pionera en muchos aspectos en una etapa complicada de la historia reciente, tanto de nuestra ciudad como de España en general.

He asumido la enorme responsabilidad de hacer una pequeña semblanza de su trayectoria vital, desde mi doble condición de sobrina y de miembro de la junta directiva de la Asociación de Mujeres Progresistas Francisca de Pedraza, organizadora de este acto; y lo voy a hacer desde el cariño y el respeto que le tengo. Con ella comparto el parentesco, pues soy su sobrina, y también el nombre y el primer apellido, lo que ha dado lugar a equívocos y numerosas anécdotas en estos años: yo he presidido una mesa en la Hostería, en unas jornadas cervantinas, porque cuando llamé para inscribirme me confundieron con la delegada del gobierno en Madrid, y todavía recuerdo la cara de estupor del director del establecimiento de entonces cuando se dio cuenta de su error; y mi tía, a su vez, ha dedicado y firmado unos cuantos ejemplares de mis libros y ha recibido felicitaciones por haberlos escrito.

Más allá de las anécdotas, creo que las mujeres alcalaínas pioneras en la lucha política y feminista no han recibido el reconocimiento público que se merecían, y muchas han fallecido sin haber tenido la posibilidad de recibir nuestro agradecimiento. Los homenajes se deben hacer cuando las personas que los reciben pueden participar en ellos y disfrutarlos, y ese ha sido el propósito de la Asociación de Mujeres Progresistas Francisca de Pedraza al organizarlo, con todo el cariño y con la modestia que corresponde a una asociación pequeña como la nuestra.

Pilar Lledó Real nació en esta ciudad, Alcalá de Henares, en los años duros de la primera posguerra. Fue la séptima y última hija de una familia de las llamadas “de orden”, bien situada en la sociedad alcalaína de entonces. Su abuelo, Sergio Real, había fundado una fábrica de harinas en un terreno cercano al parque O´Donnell, cuyo edificio acaba de ser reconocido como Bien de Interés Cultural por la Comunidad de Madrid en la categoría de interés industrial. Su llegada a la familia fue una sorpresa, pues se llevaba diez años con el hermano que le precedía, mi padre. Por tanto, fue una niña cuidada y mimada por su entorno familiar, pero desde muy joven se rebeló contra lo que se esperaba de una mujer de su época y condición: fue la primera en su familia que se empeñó en estudiar una carrera universitaria cuando hasta ese momento solo lo habían hecho los varones. Consiguió su propósito y estudió Filosofía. Era la “rara avis”, la oveja negra de su entorno, aunque desde la discrepancia siempre hubo gran respeto y cariño. También fue muy precoz a la hora de fundar ella su propia familia y tuvo que compaginar sus estudios con la crianza de sus hijos, hasta licenciarse y empezar a dar clases en colegios alcalaínos. Unos cuantos cursos estuvo en el colegio Santo Tomás y algunos de sus antiguos alumnos se encuentran hoy aquí. En esos años se integra en movimientos sociales y cristianos de base. Fue su puerta de entrada en la parroquia de San Isidro, donde conoció a su párroco, un cura muy comprometido, Inocente López, fallecido recientemente.

El contexto del país y de la ciudad de Alcalá estaba cambiando y ella no quiso ser simple espectadora de ese tiempo convulso y apasionante del final del franquismo y los inicios de la llamada Transición Democrática. Ella misma ha contado sus comienzos en el movimiento vecinal de la ciudad en un trabajo que realizó en 2018, titulado “La oposición al franquismo desde una asociación de vecinos. Alcalá años 70” en un curso de Auladade impartido por Paco Arriero sobre “De la Dictadura a la Democracia. España 1939-1978”. También en 2018, con motivo del 25 Aniversario de la Federación Comarcal de Asociaciones de vecinos de Alcalá de Henares, Pilar Lledó dio una charla sobre “La mujer en el movimiento vecinal de Alcalá de Henares”. Transcribo parte de sus palabras:

“En los años 60 y 70, debido a los sucesivos planes de desarrollo, Alcalá se convirtió en una zona industrial privilegiada, lo que significó un aumento importante de la población, por los inmigrantes que venían de zonas más desfavorecidas, buscando un puesto de trabajo. Este hecho creó muchos problemas. Trasladarse del mundo rural al mundo industrial urbano inquietaba mucho a los inmigrantes. Había que conseguir rápidamente una vivienda y por un precio que pudieran pagar. Estas viviendas estaban ubicadas en barrios inhóspitos, carentes de los más mínimos servicios y extraordinariamente feos. Las casas se construían sin respetar ninguna norma, no ya de urbanismo ya que no existía ningún plan, sino por la pésima calidad de sus materiales. Así surgieron los nuevos barrios de Reyes Católicos, San Isidro, el barrio Venecia… sin ninguna planificación y carentes de toda infraestructura.  Incluso en zonas menos obreras como Virgen del Val surgieron problemas de humedades, ratas o cables de menor diámetro del legalmente establecido que provocaban cortocircuitos en los bloques prefabricados. La constructora solo tenía prisa por acabar rápido y cobrar. Este problema fue uno de los que más tardamos en resolver y exigió una gran movilización por parte de vecinos y vecinas. Como el arquitecto y el aparejador municipales eran padre e hijo y estaban metidos en el negocio de la construcción, solo daban las cédulas de habitabilidad a las obras que ellos habían dirigido y a esas se las entregaban, aunque no se hubiese instalado el alcantarillado, las calles estuviesen sin asfaltar, no hubiera farolas, les faltaran aceras y les sobrara barros.

Había un ambulatorio para toda la ciudad, un instituto y un solo parque, no existía un hospital, faltaban muchos colegios y cuando abrías el grifo, en caso de salir algo, era barro lo que aparecía, y eso a las 5 o 6 de la mañana porque durante el día no caía nada. (…) Ante esta situación, algunos vecinos y vecinas nos reunimos para intentar cambiar algo, en un tiempo en que estaba prohibido el derecho de reunión, pero nadie nos escuchaba. En el ayuntamiento nadie nos recibía y si lo hacía algún concejal era para no resolver nada. El alcalde de entonces llegó a decirme en el Ayuntamiento: “Señora ¿Pero usted que se cree, que estoy aquí para servir a los ciudadanos?”, a lo que le contesté: “Exactamente es lo que pienso”.

Ya en ese tiempo Pilar Lledó Real tenía muy claro para qué servía la política y en qué consistía el servicio público; en servir a los ciudadanos y contribuir a mejorar la vida de la gente. Esos fueron los comienzos alcalaínos, y así intentó continuar en sus distintos puestos políticos.

Continuemos con su relato:  “La primera asociación de vecinos de Alcalá fue la del distrito Universidad que creamos en el año 73 después de un año de trámites y montones de pegas por parte de la Administración. Posteriormente se crearon otros tres más.  La idea partió de un grupo de mujeres del barrio preocupadas por estos problemas y que sintieron la necesidad de organizarse y asociarse; después fueron juntándose los maridos y otros hombres con cierto grado de conciencia de la situación en que vivíamos. Al principio teníamos que hacer reuniones especiales para las mujeres, a las 4 de la tarde, para que pudiesen venir, después de recoger la cocina y antes de que salieran los niños del colegio porque si no sus maridos no les dejaban asistir. Pero meses más tarde, esas mismas mujeres encabezaban las manifestaciones ante los colegios o el ayuntamiento, a la hora que fuese necesaria”. Como vemos, las mujeres estaban ahí, a pesar de su invisibilidad pública, desde el primer momento de la lucha política y vecinal, aunque se les haya reconocido poco. Y Pilar Lledó estaba con ellas, porque desde el principio la lucha también fue feminista, no solo por la mejora de las condiciones de la ciudad en años de desarrollismo incontrolado, sino también por la de esas mujeres que le acompañaban en esas reivindicaciones.  Continúa: “Uno de los grandes problemas que teníamos que afrontar era la falta de colegios (…) llegó a haber 3.000 niños sin plaza escolar. Todas las concentraciones en la puerta de los colegios y ante el Ayuntamiento, todos los escritos que habíamos presentado ante las distintas administraciones sin obtener respuesta, culminaron en el año 77 en una gran manifestación, convocada por las cuatro asociaciones de vecinos, que reunió a más de 10.000 personas. Otras luchas vecinales se centraron en la construcción de plazas y zonas verdes, como en un pequeño solar tras la ermita de San Isidro, la necesidad de poner en marcha consultorios médicos en los barrios o la falta de agua en las casas. (…) Al final, ante la falta de respuesta de las administraciones, convocamos una manifestación a la que acudieron miles de personas al grito de “agua sí, barro no”, en la que los antidisturbios desplegaron todos los medios que tenían entonces y detenernos a varias personas (…) Otro tema importante era la carestía de la vida debida a la inflación, que culminó con la lucha por el precio y el peso del pan. Las asociaciones pusimos denuncias ante el juzgado por ello en el año 75, y se terminó con una de las manifestaciones más multitudinarias celebradas en esos años: en Madrid, en 1976, se reunieron 100.000 personas a pesar de los golpes de la policía, con cargas brutales y múltiples detenciones”.

Un aspecto importante del movimiento vecinal de esa época tardofranquista fue su conexión con el movimiento obrero, pues los trabajadores eran vecinos de los barrios y miembros de las asociaciones, y cualquier conflicto laboral, tan abundantes en esos años, repercutía en la asociación, de la que ella era Presidenta. Los trabajadores se reunían en su local, que se encontraba junto a la parroquia de San Isidro, cuyo párroco Inocente López, era de la junta directiva de la asociación de vecinos Universidad. En esa parroquia hubo varios encierros de obreros en huelga.  Hubo en una ocasión 30 trabajadores de Roca encerrados y muchas personas del barrio se turnaban para llevarles comida, bebida, mantas…Unas 500 personas se concentraron en torno a la iglesia en solidaridad con los obreros en huelga y allí hubo una batalla campal entre vecinos y la policía lanzando gases lacrimógenos. Detuvieron a 15 personas que posteriormente fueron puestas en libertad sin cargos. Pero durante la huelga hubo 30 obreros detenidos. Una de las consecuencias que tuvo este suceso para Pilar Lledó fue su detención. Fue llevada a la DGS e interrogada por Saturnino Yagüe, quien le dijo que todo se resolvería si ella mandaba parar la huelga. Ella le preguntó “¿Qué tengo que ver yo con la huelga de una fábrica?, y el policía le contestó que todo que ver, porque ella era quien dirigía todos los enfrentamientos. Y es que muchas mujeres del barrio y de la asociación iban cada mañana a las puertas de la fábrica para impedir que sus maridos entrasen a trabajar. De nuevo el poder y la fuerza en la sombra de las mujeres. La huelga de Roca había durado 50 días. Otra de las huelgas que más afectaron en el barrio de San Isidro fue la de las trabajadoras de Fiesta, en febrero de 1976. Se inició cuando las mujeres exigieron la equiparación salarial con sus compañeros masculinos, a lo que la empresa se negó, y despidió a seis de sus empleadas. Las trabajadoras se encerraron en la parroquia de San Isidro un fin de semana, hasta el domingo por la tarde en que fueron desalojadas por la policía. Ese día un millar de personas se dirigieron en manifestación al ayuntamiento con una pancarta que decía “Solidaridad con Fiesta. Huelga general”. Al llegar a la plaza había más de 2.000 personas. El lunes hubo otra concentración similar ante los Sindicatos Verticales, en la Avenida Complutense, lo que hoy es CCOO, y luego se dirigieron al ayuntamiento, pero al llegar allí les estaba esperando la policía que les dispersó con botes de humo, mientras los manifestantes corrían por la calle Mayor. En solidaridad con el conflicto de Fiesta se hicieron paros en otros sectores, como la construcción y el metal. Las trabajadoras despedidas seguían encerradas en la parroquia recibiendo la solidaridad de todo el barrio de San Isidro.  Al final la empresa decidió admitir a las despedidas y subirles un poco el sueldo, con lo que se llegó a una cierta solidaridad. Pero los conflictos obreros siguieron en Zanussi e Ibelsa, lo que supuso la segunda detención de Pilar Lledó.

La presencia y acoso policial es otra de las constantes de su denuncia: “La continua presencia de la policía, no solo en las concentraciones y manifestaciones, sino también dentro del local de las asociaciones, asistiendo, incluso, a las charlas que organizábamos con las mujeres sobre sexualidad, economía doméstica o educación de los hijos, producía cierto miedo, pero las necesidades eran tantas que los vecinos seguíamos adelante”. Otra de las paradojas de la vida de Pilar: tanto huir de la policía en su juventud y sus años de lucha, y la sintonía que acabó teniendo con las fuerzas de seguridad del Estado en sus años en el Ministerio del Interior y en la  Delegación del Gobierno en Madrid.  En su escrito cuenta la siguiente anécdota: “A los de la política- social que siempre nos detenían, les llamábamos “el chulo” y “el cara cortada”. Por eso cuando muchos años después vine en visita oficial como Delegada del Gobierno, pedí al comisario que fueran ellos quienes me esperaran a la entrada de Alcalá, para darme la novedad. Cuando se cuadraron frente a mí y esperaron firmes a que les diera la orden de “descansar”, senté que era un pequeño desagravio histórico para todos nosotros”.

Muy pronto su compromiso en el movimiento vecinal le llevó a afiliarse a la ORT, partido cuyo origen estaba precisamente en las HOAC del movimiento cristiano de base y que en 1974 se identificó con la corriente maoísta, lo que dio origen a algunos de los titulares de prensa más sorprendentes: “Una ex maoísta e histórica dirigente vecinal, nombrada nueva Delegada del Gobierno”, titulaba El País el 10 de diciembre de 1994. Allí conoció a algunos de sus mejores amigos, como Paca Sahuquillo, presente, como otros muchos, en este homenaje. En Alcalá de Henares ese partido tuvo mucha fuerza, en tres frentes: el movimiento vecinal, donde se encontraba Pilar Lledó, el sindical, con el SU (Sindicato Unitario), donde militaba Paco Adrada, y el político, con dos concejales en el ayuntamiento: Juan Arriola y Luis Suárez Machota. En 1977 la ORT se quiso presentar a las elecciones generales, pero no se lo permitieron y tuvo que concurrir como Partido de los Trabajadores. En la lista, aunque no en uno de los puestos de salida, se incluía a Pilar Lledó Real. Fue uno de sus mayores orgullos, coincidir en la candidatura con gente tan importante como la histórica luchadora antifranquista Juana Doña. En 1979 la ORT y el PTE se integran, creando el PTE-ORT. Después de unos años intensos de lucha vecinal y política, con el proceso democrático en marcha y tras las primeras elecciones municipales, ella va abandonando esa primera línea, aunque sin ignorar las reivindicaciones de sus vecinos. El País sacó un artículo el 10 de junio de 1979, en el que reflejaba cómo eran entonces los que habían sido líderes de Madrid, que, instalados en los ayuntamientos, habían dejado grandes huecos en el movimiento vecinal. Hablaba de Martín Palacín, de López Rey, de Ignacio Quintana, pero también de los que permanecían, como Pilar Lledó, que llevaba siete años al frente de la asociación. Señalaba que se mantenía en el movimiento ciudadano por una desgraciada casualidad. Iba a ir de cabeza de lista del PTE en las elecciones al ayuntamiento alcalaíno, cuando por un accidente automovilístico (chocó con un coche de la Guardia Civil), tuvo que ser sustituida. En esos momentos, con 39 años, perdió su oportunidad de entrar en el consistorio de esta ciudad, por lo menos como concejal, y siguió siendo vocal de su asociación. En efecto, el PTE-ORT obtuvo dos concejalías. Aunque seguía luchando por conseguir parques o puestos escolares, reconocía en la entrevista que el entusiasmo vecinal había descendido notablemente a partir de las elecciones de junio. Ella empezó también a ocuparse de su situación laboral, aprobó las oposiciones como profesora de instituto, y durante un tiempo estuvo alejada de Alcalá, pues su trabajo le llevó a otros destinos, como Lérida. Pronto volvió a su ciudad natal, y dio clases de Filosofía en los dos institutos entonces existentes: el del Chorrillo y el Complutense. Allí coincidió con algunos de los docentes que nos acompañan esta tarde, como su amigo Paco Peña.

En 1983 dejó la docencia para ejercer su primer cargo, en la Dirección General de la Juventud de la Comunidad de Madrid, en esos albores autonómicos. Su llegada a la política tuvo que ver con la casualidad, que esta vez fue positiva. Ocupó el cargo de Consejero de Juventud y Cultura en el nuevo gobierno de Leguina Manuel de la Rocha, quien nombró a Manuel Fernández, de la ORT, como Director de la Juventud. Este departamento se llena con amigos suyos de ese partido, y entre ellos está Pilar Lledó, que fue nombrada subdirectora general de juventud y cultura. De aquella etapa recuerda varias experiencias, como la implantación de la tarjeta joven, o los viajes que organizó para la juventud madrileña, entre los que destacaron un descenso del Tajo hasta Lisboa en bicicleta, o un “Viaje mágico a Galicia” en el que participaron solo mujeres. Por primera vez vemos su atracción hacia esas tierras. Estos viajes llamaron la atención de Ana Puértolas, directora entonces de la revista Viajes, y esa amistad femenina le va a proporcionar su siguiente cargo político, pues Ana fue nombrada Directora General de Cultura del Ministerio, y decide llevarse con ella a su amiga Pilar. Desde noviembre de 1985 a noviembre de 1988 será subdirectora de Cooperación Cultural, del Ministerio de Cultura. Es en esa etapa cuando comienza su cadena de favores mutuos con su gran amigo alcalaíno, el añorado Curro Lope Huerta. En febrero de 1987 Ana Puértolas deja su cargo de Directora General de Cooperación Cultural, y Pilar Lledó propone para que lo ocupe a Arsenio, quien acepta la propuesta, siendo éste el motivo por el que tuvo que abandonar anticipadamente la alcaldía de esta ciudad. Así Curro Lope Huerta se convierte en jefe de Pilar Lledó. Destaca en esta etapa su puesta en marcha del “Programa Culturalcampo”, que lideró junto a Avelino Hernández Lucas y que promovía un modelo de animación y promoción del entorno rural que también tuvo en cárceles y cuarteles algún exponente de sus realizaciones.

Otra faceta muy importante para ella, y que nunca ha abandonado, es su feminismo. Con un grupo de mujeres fundó, dentro de la ORT, la ULM (Unión para la liberación de la mujer), que fue la segunda agrupación feminista en la España tardofranquista, después del MDM (Movimiento Democrático de Mujeres), del PC. Más tarde perteneció al grupo Alfa. Su entrada en el PSOE tuvo mucho que ver con su lucha feminista. En 1988, junto a Paca Sahuquillo, entró entre las dieciocho que se conocieron como “las chicas de Txiqui”, según tituló una llamativa fotografía el diario el País, haciendo referencia a los nuevos fichajes femeninos que habían engrosado las filas socialistas tras la aprobación de la cuota del 25% de participación de mujeres en las listas y órganos representativos en el 31ª Congreso del partido. Fue Carmen Romero, la entonces mujer de Felipe González, la que propuso a Paca Sahuquillo que asistiera con sus amigas al Congreso y votaran a favor de una moción que iba a presentar con el eslogan “Somos más y estamos menos”. Se sorprendió mucho cuando Paca le contestó que no podían asistir porque no estaban en el partido, y fue entonces cuando las animó a entrar en el PSOE.

En contestación a la polémica información del diario, que vino acompañada días después de una carta al director en el que eran tachadas de “Sección Femenina del PSOE, sin pololos, pero con traje de cuero”, Pilar Lledó firmó un artículo, junto con Carmen Martínez Ten, Delia Blanco y Lucía Ruano, que llevaba por título “Una reivindicación feminista. La acción positiva”. Comentaban las autoras, claramente feministas, que el sistema de cuotas era un instrumento no exento de problemas, no un fin, y su utilidad estribaba en contrarrestar una situación de desigualdad social entre hombres y mujeres que se traducía en la casi exclusión de más de un 50% de la población de los órganos de poder y representación. Esto se decía en 1988. Algo hemos avanzado en ese camino gracias a su iniciativa, pero queda mucho por luchar para conseguir la plena igualdad. Y los ejemplos se suceden cada día. Del mismo modo se quejaban de las críticas que habían recibido desde dentro del propio ámbito feminista. Decían las autoras: “querríamos aliviar el luto de los que lloran por la muerte del feminismo con nuestra convicción de que en la situación actual no presenta síntomas de rigor mortis, y lo decimos mujeres que, desde el gueto del movimiento en los años setenta, contemplábamos entonces las primeras medidas de acción positiva que se adoptaban en otros países como algo lejano e inimaginable en el nuestro. El feminismo no ha muerto, sino que ha roto las barreras del gusto y ya no es solo patrimonio de una cuantas. (…) Para que las mujeres dejen de ser ciudadanas de segunda categoría son necesarios, no solo el movimiento feminista, sino también los partidos políticos y la sociedad en su conjunto”. No hemos cambiado tanto, me temo, y la división e incomprensiones dentro del feminismo parece ser una constante. No se privaron de criticar la polémica fotografía y su pie de foto; “Los viejos estereotipos siguen estando al día. Para demostrarlo contamos con un pie de foto, realmente delicioso, en la primera página de este diario, en el que se adjudica al secretario de organización del PSOE la propiedad de 18 mujeres. (…) El desprecio a las mujeres que trasluce ese breve texto parte de una historia muy vieja”. Nos suena, ¿verdad? Fue fundadora de la Primera Asociación de Mujeres Progresistas y tiene relación con muchas de las feministas pioneras del movimiento en los primeros años de la democracia.

Su entrada en el PSOE coincide con un nuevo cargo, subdirectora general de política interior del Ministerio de Interior, en noviembre de 1988. “Conoce muy bien esta casa, de abajo a arriba”, la presentó irónicamente la entonces directora general Carmen Briones, en las altas instancias de Interior. Este puesto, como había sucedido en el caso del Ministerio de Cultura, aunque en este caso en sentido contrario, tuvo que ver con su relación con el recordado Arsenio Lope Huerta, Curro, pues fue una recomendación suya. La amistad entrañable entre ambos alcalaínos ha pervivido en el tiempo, hasta el fallecimiento de Arsenio en enero de 2022.

Un salto cualitativo en su carrera política se produce en julio de 1992, cuando pasó de coordinar la labor de los gobernadores civiles en el Ministerio de Interior a ser uno de ellos. Fue nombrada Gobernadora Civil de la Coruña, un cargo que pronto adquiere un indeseado impulso mediático.

El 3 de diciembre de ese año una llamada le despertó a las cinco de la madrugada. Apenas tuvo tiempo de anotar mentalmente todo lo que no debía hacerse, mientras recordaba el hundimiento del Casón. Lo que le estaban contando es que el petrolero Mar Egeo, cargado con 80.000 toneladas de crudo, había encallado en la costa coruñesa, frente a la Torre de Hércules, provocando una marea negra y una grave crisis ecológica y económica. La primera decisión que tomó fue dejar arder el barco con el crudo dentro, aunque para ello hubo que desalojar la primera línea del barrio más cercano. Dos décadas después se volvió a repetir la tragedia en el mar gallego con el “Prestige”, curiosamente del mismo dueño que el Egeo. En esos veinte años nadie había tomado la decisión de prohibir el tránsito de barcos peligrosos con crudo, que no tuviesen doble casco. Pilar volvió a recordar su experiencia en varios medios de comunicación, y hacía una comparativa entre ambos casos, comentando que en 1992 ella no tenía teléfono móvil ni había satélites para ver dónde estaban las manchas, y que todo se había tenido que hacer localizándolas desde helicópteros que sobrevolaban la zona. Muchas veces Pilar se subió a uno de ellos, volando en compañía de “Tito” (Joaquín Ortiz de Zárate), a quien recuerda con especial cariño. Pero la falta de medios no impidió que la comunicación fuera constante, con Felipe González, con Fraga, con Paco Vázquez, con los ministros implicados, con empresarios, con sindicatos, con los voluntarios organizados a través de los Consejos de Seguridad Ciudadana…ella defendió siempre que esa crisis del Mar Egeo no se resolvió mal, gracias a la coordinación entre instituciones y a que se respetó el mando único desde el Gobierno Civil. Veinte años más tarde el Prestige le hizo revivir esos momentos. Para ella fue doloroso ver que no se apreciaba su experiencia anterior, y que nadie se responsabilizó del nuevo desastre ecológico gallego, la tierra que tanto ha llegado a amar. De su experiencia coruñesa guarda ese gran amor que le hace pasar grandes temporadas allí. De hecho, hoy le hemos hecho volver con un pequeño engaño, porque solo las citas médicas y sus compromisos familiares le hacen abandonar su casa de Sada. Gracias, tía, y espero que me perdones la encerrona.

Pilar Lledó había llegado a Galicia el 10 de julio de 1992, tras su toma de posesión, y apenas sabía nada de barcos, como ella misma comentó con la prensa haciendo gala de su sentido del humor: “Yo siempre fui una chica de interior, del Ministerio de Interior y de Alcalá de Henares”. La experiencia del Mar Egeo fue su peor momento como Gobernadora Civil, pero también fue el que demostró más claramente su actitud negociadora y la eficacia en la toma rápida de decisiones.

Esas cualidades la llevaron a ser nombrada Delegada del Gobierno en Madrid el 9 de diciembre de 1994. De nuevo su camino se cruzaba con su gran amigo alcalaíno Arsenio Lope Huerta “Curro”, pues le sustituyó en el cargo. Tomó posesión de su nuevo cargo en un acto presidido por el Ministro de Interior y Justicia, Juan Alberto Belloch, al que asistieron las secretarias de Interior y de Justicia, Margarita Robles, hoy presente en este acto, y María Teresa Fernández de la Vega. Durante su etapa como Delegada en Madrid, que duró 17 meses, tuvo gran protagonismo mediático. Suyas eran las competencias de seguridad ciudadana en un momento de auge de las manifestaciones, de la delincuencia callejera, del tráfico de drogas, de los cabezas rapadas…ella prometió llevar más presencia policial a las calles de Madrid, y lo logró gracias al Plan de Seguridad Ciudadana y al llamado “Plan Belloch”, a pesar de que en su ideario siempre ha pesado más el diálogo que la actuación policial. Su otra gran apuesta para solucionar los problemas fue pedir la colaboración vecinal y ser instrumento de mediación entre los ciudadanos, las administraciones, el Gobierno, la Comunidad y el Ayuntamiento de Madrid, por encima de las distinciones ideológicas.

Otro de sus objetivos, en pleno auge de la actividad terrorista de ETA, era desarticular el “Comando Madrid”; por desgracia, fue uno de sus objetivos incumplidos. Durante esta etapa, en abril de 1995, el líder del PP José María Aznar sufrió un atentado de ETA con coche bomba en Madrid. Salvó la vida por llevar un coche blindado, aunque hubo una víctima: una vecina de un inmueble cercano. La propia Pilar Lledó también fue objetivo de la banda terrorista y durante bastante tiempo tuvo que llevar escolta. Otro caso caliente que heredó de su antecesor fue el “secuestro de Anabel Segura”, la joven que finalmente, por desgracia, apareció asesinada. Se despidió, por tanto, de la Delegación del Gobierno de Madrid con éxitos y fracasos. Entre los primeros destacan la reducción de los brotes de violencia juvenil y la mejora de la colaboración institucional con Ayuntamiento y Comunidad de Madrid, donde Gallardón y Jesús Pedroche, del PP, alabaron su serenidad y espíritu dialogante.

Sobre su futuro tras dejar ese cargo de enorme responsabilidad, comentó en una entrevista que era una incógnita, aunque no descartaba que una de sus ilusiones sería la de ser la primera mujer en ocupar la alcaldía de su ciudad natal, Alcalá, aunque, por desgracia, ha sido un sueño incumplido.

Desde su cese el 17 de mayo de 1996 su vida se desligó de los puestos políticos. Se dedicó durante más de una década a dar cursos de seguridad, su especialidad desde que estaba en el Ministerio del Interior, en varios países de América Latina así como en Universidades y Fundaciones, como el IUISI (Instituto Universitario de Investigación sobre Seguridad Interior), de la UNED. Su último destino laboral fue un organismo adscrito a la Universidad de Alcalá, siempre ligada a la difusión de su experiencia en seguridad. Sobre ese tema escribió varios artículos, entre ellos “La seguridad como causa del racismo y la xenofobia”. En diciembre de 2003 consiguió el grado de Doctora con una tesis leída en la Universidad Autónoma de Madrid titulada “La seguridad ciudadana como condición de la democracia: un enfoque filosófico”, en la que aunaba sus dos pasiones: la seguridad y la filosofía.

Esta es la trayectoria vital de Pilar Lledó Real, una alcalaína luchadora en los movimientos vecinales del final del franquismo, pionera del feminismo, cuyo objetivo al ocupar cargos políticos fue consolidar la democracia por la que tanto había luchado desde su juventud y mejorar la vida de la gente. Por todo ello la Asociación de Mujeres Progresistas Francisca de Pedraza, que somos herederas de la lucha por la igualdad que ella inició, creemos que merece este modesto homenaje público, que esperamos que sea el precursor de otros merecidos reconocimientos por parte del ayuntamiento de su ciudad natal, Alcalá de Henares. Muchas gracias a todos.


 

 




Aquí va lafuente para saber más.

Por Eva Martínez Castillo

Eva Martínez Castillo es una periodista española especializada en reportajes de investigación. Ha trabajado para algunos de los principales medios de comunicación españoles, como El País y El Mundo. Martínez Castillo es conocida por sus intrépidos reportajes sobre temas delicados, como la corrupción gubernamental y el narcotráfico. En reconocimiento a su trabajo, ha recibido numerosos premios, entre ellos el Premio Nacional de Periodismo en 2006.