Mar. Feb 27th, 2024

Enrique Es profesor titular de Citología en el ciclo de maestría para técnicos de laboratorio. Teniendo un contratos de duración determinada y a tiempo parcial que renueva año tras año y que apoya el estudio de una segunda carrera. “Cuando empiezas tienes que asumir que tendrás un contrato de duración determinada. Si tienes suerte te durará todo un curso, si no unos meses”, resigna. A los 28 años comparte piso y ni se le ocurre sacar una hipoteca. «¿Te estás burlando de mí?» responde a esa perspectiva. A su edad, su padre, ingeniero de telecomunicaciones, ya tenía a su primera hija y pagó el piso en el barrio de Les Corts de Barcelona. El padre de Enrique, ya jubilado, encarna el prototipo de clase media que su hijo, de momento, no ha podido soportar.

Enrico, profesor de clase media. / ZOWY VOETEN

sandra Tiene la misma edad que Henry. Ella es autónomo y trabaja como diseñador gráfico para diversos clientes, desde pequeñas empresas hasta algunas administraciones públicas, como ayuntamientos o la Diputación de Barcelona. También comparte piso, porque con unos ingresos de algo más de mil euros al mes -«de media unos meses van mejor y otros menos», precisa- manteniendo una alquiler en la capital catalana es un ejercicio de contorsión financiera que se niega a intentar. Sus padres -hoy propietarios de una pequeña empresa de mensajería- también la tuvieron a los 28 años, en un piso de pago en tocateja, en el barrio de Sant Martí. “Además, ahora me quieren aumentar la cuota de trabajo por cuenta propia. Estoy cabreado… No es que no quiera aportar más, pero cómo lo voy a hacer si no me pagan más”. ?» Sandra se queja.

Si la clase media ha sido históricamente definida por una propiedad de la vivienda y un trabajo estable con ingresos suficientes y estables para llegar a fin de mes sin miedo, ni Sandra ni Enrique cumplen ninguno de los dos requisitos. Y es que este tipo de trabajadores con unas condiciones laborales y unos ingresos dignos languidecen en España, a diferencia de otros países europeos, mermados año tras año por la falta de relevo generacional. “Las generaciones que se han incorporado en las últimas dos décadas a la mercado de trabajo han tenido menos oportunidades, debido al estancamiento general de la productividad ya la pérdida estructural de la calidad del empleo. En otros países, estas generaciones más jóvenes han tenido mejores oportunidades para acceder a rentas medias”, concluye un informe publicado esta semana por Observatorio Social de la Fundación La Caixa.

¿Cuáles son los efectos de esta pérdida progresiva de la clase media? “Se pierde el pegamento social y a la larga la sociedad se polariza, algo que ya hemos visto históricamente en America latina. Sin una clase media, el Estado pierde la capacidad de financiar las principales políticas de cohesión, como la sanidad, la educación o las pensiones. Lo que acaba provocando una segregación entre los servicios públicos de cada vez peor calidad, por la falta de recursos, y los servicios privados a los que acceden las clases altas, que intentan dejar de contribuir a estos servicios públicos porque ya pagan por sus servicios privados. . Es un bomba de tiempo«, Para explicar Olga cantó, uno de los autores del estudio y catedrático de Economía de la Universidad de Alcalá de Henares. “Estamos asistiendo a una auténtica deserción fiscal de los hiperricos, tanto en España como en el mundo”, advirtió el vicepresidente segundo. yolanda diaz, el pasado viernes en un acto con el economista francés Tommaso Pickett.

‘Millenials’, con dos crisis a cuestas

El informe, elaborado también por el catedrático de Economía de la UNED luis ayala, confirma que el segmento de ingresos medios de la población se está reduciendo. Su peso es menor hoy que hace 30 años y menor que el de la clase media en los países europeos de mayores ingresos. Y esto acentúa la polarización entre ricos y pobres, sobre todo a partir de la anterior crisis financiera y el siguiente la gran recesión. “España, sin ser el lugar donde más descendió la renta media de la población, fue el país de la UE donde descendió más la renta del 10% más pobre que la del 10% más rico”, subrayan los investigadores. Y es que los ‘millennials’ no lo tienen fácil para planificar y consolidar sus trayectorias vitales y en poco más de una década han arrastrado sobre sus hombros dos crisis de extraordinaria profundidad -la de 2008 y la del covid-.

Dos de los focos de esta desigualdad son i ingresos de capital, que se concentran más en unas manos que en otras, pero la otra se encuentra en el mundo del trabajo. Y es que cada vez hay más una capa de trabajadores que gana mucho y otra que gana muy poco. Según el estudio, el 20% más rico de la población recibe más del 43% de los ingresos del trabajo en nombre de otros. “El mayor peso de estas rentas sobre la renta total las convierte en las que más contribuyen a la desigualdad”, señala el estudio.

Un desafío para la reforma laboral

No sólo hay trabajadores de «primera clase» y «segunda clase» en términos de salarios, sino también en términos de su capacidad para mantener ese salario. Y es que el crónico dualismo laboral, entre unos trabajadores fijos que logran mantener su empleo (y sus ingresos) durante la crisis y otros trabajadores temporales, que cuando llegan vacas flacas son las primeras en ser despedidas y pierden su principal fuente de ingresos, agrava la desigualdad entre una recesión y otra. El éxito o el fracaso de los nuevos aprobados reforma laboral del Gobierno medirá su capacidad para reducir esta dualidad y este alto porcentaje de trabajadores temporales.

“El gran problema de los jóvenes en España es el acceso a unas condiciones laborales estables. No es solo el salario, sino también el hecho de que, al no tener unos ingresos estables, puedas acceder a un alquiler, a una hipoteca o poder Planear tener hijos es muy difícil con un contrato de duración determinada”, dice la investigadora de la UAB Marion Lozano. Este sociólogo es autor de un estudio pionero que analiza la vida laboral de los jóvenes adultos en España entre 1987 y 2017, cuya principal conclusión es que los años que los jóvenes pasan en trabajos precarios se han duplicado en los últimos 30 años. “No tenemos un mercado laboral suficientemente productivo para absorber a la generación más capacitada de la historia, no es una cuestión individual”, añade.

Mala gestión de la crisis

Volviendo al informe de Cantó y Ayala, otra tesis relacionada con esta eventualidad crónica es que la economía española no gestiona bien las crisis, ya que genera más desigualdad durante los períodos de recesión económica de los que luego disminuye en los años siguientes de recuperación y prosperidad. Y allí los autores de la obra denuncian la «limitada capacidad redistributiva de impuestos y beneficios, que aumentó ligeramente entre 2015 y 2019″ y que en 2013 y 2019 «su incidencia fue casi neutra» a la hora de contener la expansión de la desigualdad. España es actualmente el estado de la ‘Unión Europea, entre los clubes de los más ricos, que arrastra mayores tasas de desigualdad.

¿Cuáles son las recetas que proponen los investigadores para revertir este adelgazamiento de la clase media? Por un lado, corregir este déficit redistributivo y “aumentar el tamaño y la progresividad de los Sistema tributario y ampliar la protección no contributiva, en particular la dirigida a los jóvenes e familias con menores«. Y por otro lado, mantener la política de seguir subiendo la salario mínimo interprofesional (SMI), no en vano Olga Cantó fue una de las expertas nominadas por el Gobierno para su comité asesor del SMI. Este es el primer tema que tiene pendiente el Gobierno para este año, ya que aún no ha actualizado el salario mínimo para 2022 y sigue en 965 euros respecto al año pasado. El compromiso expresado por el Ejecutivo en la última renovación -cerrada en octubre de 2021- es alcanzar un SMI muy cercano a los 1.000 euros brutos mensuales (en 14 cuotas) en el próximo ejercicio.