Dom. Jun 26th, 2022

Foto de Pedro Enrique Andarelli

  • Presenta David Cobo García, concejal de UP-IU del Ayuntamiento de Alcalá de Henares y coordinador de la Asamblea de Izquierda Unida de Alcalá de Henares.
Foto de Pedro Enrique Andarelli

Siempre se insiste en que Azaña era un intelectual, que sin duda lo era. Se hace especial reseña de que fue escritor, lo cual es cierto. Suele decirse que fue un estadista y lo demostró en el ejercicio de sus funciones de gobierno. Pero las referencias a Azaña siguen siendo las mismas: en esa imagen de político serio, de gran oratoria, perfectamente situado en un despacho presidencial, sentado tras una gran mesa y rodeado de gruesos volúmenes de libros.

A propósito, en mi opinión, se olvida algo que claramente caracteriza a Manuel Azaña: que fue un revolucionario. Un brillante revolucionario en la búsqueda de una España mejor.

En los años 20 del siglo pasado existía en España una dictadura, la del Capitán General Primo de Rivera, dictadura bendecida por el Rey Alfonso XIII, bisabuelo del actual Felipe VI. Y en medio de esa dictadura, Manuel Azaña defendió e impulsó la República, el laicismo y la justicia social como modelo de Estado.

Manuel Azaña fue uno de los creadores de Acción Republicana en plena dictadura. Uno de los precursores de la transformación social, de la revolución cívica, para acabar con la dictadura y la monarquía, cómplice y promotor de esa dictadura. Manuel Azaña fue uno de los firmantes del Pacto de San Sebastián, en 1930, plataforma republicana que habría sido el germen de la unidad necesaria para que la República llegara sólo un año después, formando parte del Comité Revolucionario en 1931, un preludio del Gobierno Provisional de la República.

Por todo ello quiero destacar que Manuel Azaña, intelectual y literato alcalaíno de familia adinerada, hay que definirlo como revolucionario, porque en medio de la dictadura puso todo su empeño en construir una república democrática. , con una clara separación entre Iglesia y Estado, y donde los trabajadores tengan acceso a educación, salud y derechos laborales.

Personaje histórico que ha sufrido persecución, que también estuvo preso unos meses, con el que podemos estar más o menos de acuerdo con su actuación, podemos suponer que tuvo más o menos aciertos o errores, pero, sin duda, Manuel Azaña fue un revolucionario, republicano, de izquierda.

Manuel Azaña fue un revolucionario entonces y lo será hoy, cuando personas y publicaciones se enfrentan a duras penas e incluso penas de prisión por el mero hecho de cantar canciones, escribir letras o dibujar caricaturas que ofenden a la monarquía. Hoy, cuando el PSOE y las derechas votan, una y otra vez, en contra de la investigación de los crímenes de la monarquía. Hoy en día, 35,000 propiedades todavía están registradas por la Iglesia, incluida nuestra Plaza de los Santos Niños.

Actualmente no hay separación entre la iglesia y el estado. Por ejemplo, en nuestra Alcalá de Henares, nuestro alcalde socialista sigue confiriendo cada año a la Virgen del Val el título de alcaldesa perpetua, entregándole solemnemente el bastón junto al mismo obispo que insulta sistemáticamente a las mujeres y al colectivo LGTBI. Hoy, Manuel Azaña sería también un revolucionario.

República no es solo quitar al rey y cambiar el color a una bandera. Como decía Julio Anguita, por lo demás, no cuentes conmigo. Son tres los valores y pilares fundamentales de la República: la libertad, la igualdad y la fraternidad. Y es la fraternidad la que hace posible la existencia de la libertad y la igualdad.

Fraternidad significa que ninguna persona necesita depender materialmente de otra para comer y satisfacer sus necesidades básicas. Nadie está por encima del ciudadano: ni el padre, ni el señor, ni el marqués, ni el jefe, ni el marido, ni el sacerdote, ni el rey. Esto significa que el Estado debe contar con una cobertura social y una redistribución de bienes que garantice estos medios materiales a toda la población. Ser libre pero sin medios materiales es libertad para nada. La igualdad ante la ley es una quimera cuando existe una desigualdad insalvable entre ricos y pobres.

Queremos una república donde los trabajadores, que son los que generan la riqueza, sean los que manejen esa riqueza. Una república que recupere su soberanía, que el precio de la energía no esté en manos de una oligarquía. Que la salud, la educación y la vivienda sean un derecho y no un negocio. Que los intereses de las familias trabajadoras, jubiladas, estudiantes y pacientes estén siempre por encima de cualquier lobby de la banca privada o empresarial.

Queremos construir una república y para eso tenemos que unirnos los republicanos, porque estos cambios no van de la mano con los partidos realistas, por muy republicanos que fueran hace 90 años. Se ve a la hora de generar leyes para controlar el precio de los alquileres de las casas, el precio de la energía, para mejorar las condiciones de trabajo, para evitar que la salud se privatize totalmente, para que la tributación sea justa y paguen más. tienen… en todos esos espacios los partidos monárquicos son un ancla.

Es necesario construir mayorías republicanas que pongan en el centro las condiciones de vida de las familias trabajadoras y que pongan la economía al servicio de la realización de los derechos humanos de toda la población.

Entonces, y sólo entonces, podremos considerar que nos estamos acercando un poco más a la democracia plena.