Dom. Jul 3rd, 2022

Foto de Ricardo Espinosa Ibeas

  • La Universidad de Alcalá, propietaria del inmueble, elabora un plan para asegurar la envolvente y estructura.
Foto de Pedro Enrique Andarelli

Tal y como recordaba este domingo el diario ABC en su edición ‘premium’, en Alcalá de Henares hay una prisión para ancianas consumidas por el paso del tiempo. Sus paredes de ladrillo visto hacen juego con las vastas construcciones que rodean este trozo de historia, dibujadas sobre las cenizas de un antiguo convento de finales del siglo XVI. Recién en la segunda mitad del siglo XIX, sin embargo, la desamortización promovida por los liberales impulsó al Estado a convertir primero el edificio en cuartel (decisión pronto revocada por su limitada capacidad) y luego a ampliar el local para dar vida a La Galera, conjunto de arquitectura panóptica construido alrededor de un patio central para velar por los internos. Un tesoro carcelario, en definitiva, que ve ahora el comienzo de su resurrección dentro del rico patrimonio de la ciudad complutense.

una de las galerías de la histórica cárcel de mujeres de Alcalá de Henares – EFE

La agonía, sin embargo, viene de lejos. La Galera funcionó como centro penitenciario hasta que en 1978 el Ministerio de Justicia ordenó su clausura definitiva. Desde esa fecha se han demolido algunas estancias para construir la Facultad de Documentación de la Universidad de Alcalá (UAH), a la que pertenece el terreno de la antigua prisión. También en ese período se inauguró el teatro universitario La Galera sobre la antigua capilla del primitivo convento (luego iglesia de la cárcel de mujeres). Pero el progresivo derribo se detuvo con el pretexto de crear una residencia de estudiantes que nunca llegó a materializarse.

Modelo inigualable de arquitectura penitenciaria, La Galera, construida a finales del siglo XIX, se convirtió en la principal cárcel de mujeres de España. Foto de Ricardo Espinosa Ibeas

Desde entonces, el abandono se ha apoderado de un espacio que apenas resiste, con parte de sus techos hundidos, ventanas desprotegidas y un perímetro exterior inundado de maleza. Ante esta situación, el Grupo en Defensa del Patrimonio Complutense, colectivo surgido por iniciativa de Ecologistas en Acción y la Asociación Niños y Amigos de Alcalá, ha denunciado en reiteradas ocasiones el estado de deterioro del inmueble. Hasta el punto de que hace un año desveló la intención del instituto cisneriano de rehabilitar el conjunto, con una primera fase encaminada a garantizar la envolvente y estructura de cada una de las naves, para llevar a cabo una actuación futura que cada vez decidirá su uso definitivo.

Foto de David Garrido Cobo enviada por el Grupo de Defensa del Patrimonio Complutense

Obras, hasta la fecha, que no han comenzado según el panorama lúgubre que tiñe la superficie. “El edificio sigue cayendo”, advirtió un representante del grupo ALCALÁ HOY, consciente de que el paso de Filomena provocó el derrumbe de otro tramo, dejando una grieta abierta que continúa hoy sin ser reparada. Desde la Universidad de Alcalá confirman que están «realizando todos los trámites administrativos necesarios» para rehabilitar las cubiertas y suelos interiores y proteger los huecos existentes en las fachadas. “El proyecto ya está completamente revisado y en breve se publicará su contratación”, añaden.


problema de financiación

El plan, aprobado por el Consejo Ejecutivo del Ayuntamiento el 26 de febrero del año pasado, sigue su curso inmerso en la burocracia. A la espera de su reestructuración, el grupo de protección del patrimonio complutense ya ha propuesto la creación de un Centro Complutense de Investigación y Documentación, que podría albergar varios museos y archivos históricos, una biblioteca y una sala donde se celebre la compañía de gigantes y cabezudos, una de las más tradicionales. espectáculos en la ciudad. En este sentido, la Universidad “mantiene contactos con diversas instituciones interesadas en apoyar y financiar un proyecto que permita el correcto uso del edificio”.

El problema, advierte la propiedad, radica en la dificultad de cubrir con fondos propios la conservación de las estructuras históricas, dada la falta de aportes extraordinarios, “además del uso del 1,5 por ciento de los fondos culturales a los que se destina cualquier institución de nuestra nación. No obstante, subrayan que “la conservación y puesta en valor del patrimonio cultural de la Universidad de Alcalá es siempre uno de los principales intereses”.

Las reclusas trabajan en los talleres de costura, en 1970 – EFE

El valor de La Galera reside precisamente en las mil y una historias vividas en los bares durante un siglo. Era el 27 de enero de 1932 cuando este diario publicó un artículo a doble página titulado “Una hora en la Cárcel Central de Mujeres”. La visita, realizada por el editor Leandro Blanco y por el fotógrafo V. Muro, reflejó una prisión muy diferente a la establecida en el imaginario común. «En este patio blanco no hay nada que la imaginación forje pensando en una prisión, ni presos que caminan vacilantes bajo el peso de un recuerdo, ni guardianes feroces, ni procesiones de dolor, ni dolor, ni rostros demacrados por gruesos barrotes», el texto es detallado

El cronista describió a las reclusas, «por su apariencia, mujeres del campo», vestidas con el mismo uniforme: «Un vestido azul grisáceo con finas rayas oscuras». ¿Y los carceleros? Las monjas, «quince Hermanas de la Caridad de San Vicente de Paúl», encargadas del servicio de vigilancia interna y responsables de los distintos departamentos, «quince espíritus altruistas, que por amor a los que sufren han renunciado al mundo, vivir con los infelices y traer paz a sus almas». El director del penal acompañó a los reporteros por los «grandes comedores, lavaderos despejados, cocinas limpias, enfermería blanca…», tras pasar por los talleres, donde «trabajan mucho las máquinas de coser».


penas por condena

Más de cuatro décadas después, el 9 de julio de 1974, ABC volvió a capturar la vida de los presos, centrándose en encontrar trabajo y aprender trabajos «que les permitieran rehabilitarse en la vida social». En triple página, la comisaria Socorro Moncayo ha desglosado la evolución de estos espacios de privación de libertad desde el inicio de las primeras mazmorras: “Hoy se han humanizado y en el pasado -remontémonos siglos- constituían una especie de antecámara de la muerte, donde culpables e inocentes se amontonaban en la más cruel indigencia». Acompañados por el entonces director Ángel Herbella Quinoya y un funcionario, los visitantes visitaron el curso y la peluquería, la fábrica de alfombras y los talleres de camisería y tejeduría. Y aunque a finales del franquismo las celdas unicelulares estaban reservadas para aquellos «reclusos condenados» (la mayoría, jóvenes universitarios), lo cierto es que los delitos más comunes fueron otros: «El aborto y la ayuda a la prostitución».